martes, 31 de agosto de 2010

DIFERENTES VISIONES DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945

LECTURA PARA LOS ALUMNOS DE 4º AÑO
DEL COLEGIO NUEVOS AIRES

EL 17 DE OCTUBRE DE 1945, según el escritor R. Scalabrini Ortiz. “Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en las densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso (…) Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”.

(Relato del escritor Raúl Scalabrini Ortiz, militante de FORJA)

EL 17 DE OCTUBRE DE 1945, según un historiador estadounidense. “La ciudad, definida como el conjunto de antiguos y arraigados centros residenciales y administrativos donde residía el poder político y donde, por extensión, tenían lugar las actividades relevantes en el plano cultural, era el territorio respetado. Más allá se extendía la periferia, los suburbios, la no ciudad, lo desconocido, más aún, lo que no valía la pena conocer. Y toda la prensa destacaba que las muchedumbres que marcharon sobre la ciudad procedían de la periferia. En La Plata el contraste era más pronunciado todavía. La ciudad en sí era casi exclusivamente un centro administrativo, educativo y cultural. Berisso y Ensenada no podrían haber presentado mayor contraste. Aunque técnicamente formaban parte de la ciudad de La Plata, desde el punto de vista social y cultural integraban un mundo distinto. Berisso estaba dominada por dos frigoríficos cuyo hedor se esparcía por todo el poblado, muchas de sus casas eran de chapa corrugada, de colores brillantes, y daban albergue a más de una familia. Desde luego, la diferencia no era meramente geográfica. La ciudad propiamente dicha, en especial su zona céntrica, era el territorio de quienes contaban con algún status político, social y cultural. También en este aspecto los acontecimientos del 17 de octubre de 1945 violaron las convenciones vigentes: los suburbios invadieron el centro”.

(Daniel James, “el 17 y 18 de octubre de 1945: el peronismo, la protesta de masas y la clase obrera argentina”. En: Desarrollo económico. Nº 107, Bs.As. 1987)

martes, 24 de agosto de 2010

CRISIS Y DESOCUPACIÓN.


PARA LOS ALUMNOS DEL 4º AÑO DEL COLEGIO NUEVOS AIRES




Texto escrito por Ángel Perelman, dirigente sindical en "Cómo hicimos el 17 de Octubre

LA VIDA COTIDIANA EN "VILLA DESOCUPACIÓN". "La palabra crisis que ese año surgió por primera vez no era una simple palabra para mí. Cayó sobre mi cabeza como un verdadero martillazo. Mi padre, como tantos otros miles de obreros, fue despedido de su trabajo. En los primeros años de la crisis, muchas fábricas cerraban y creaban verdaderos ejércitos de desocupados. Aparecieron las "Villas Desocupación" y los "Barrios de las Latas" en Puerto Nuevo (...). La crisis económica me obligó a abandonar la escuela a los diez años, para ir a trabajar como aprendiz en un taller metalúrgico. la explotación capitalista y la lucha de clases las aprendí primero en esa fábrica del año treinta que leyéndolas en los libros. Me pagaban un peso por día, pero eran jornadas sin horario, salvo el de entrada que era siempre el mismo. La hora de salida la fijaba el patrón generalmente a las ocho de la noche. Fueron años duros. Toda la felicidad de una familia obrera consistía -pese a los bajos salarios y la escasa fuerza de la organización sindical -en conservar el trabajo, en tener empleo. Cuando venía el despido, cosa que era frecuente, empezaban los largos días esperando en los cafés del barrio. No faltaba nunca un amigo que tenía los diez centavos para tomar un pocillo de café, que era un medio de alquilar la mesa a la cual nos agregábamos unos cuantos. Así pasábamos las horas los muchachos de esa época, pero nos íbamos a acostar temprano porque a las cuatro de la mañana del día siguiente había que ir a la Avenida de Mayo, donde se vendía y repartía el diario La Prensa, donde concurríamos, cada uno, con la esperanza de comprar un ejemplar y encontrar en los clasificados de "Pedidos" algún taller para ir a ofrecerse.


No era una tarea fácil, porque había que tomar tranvía y generalmente cuando uno llegaba a la puerta de la fábrica había una larga cola. Era más simple para aquellos afortunados que tenían bicicleta, que se colocaban a la cabeza de la cola: eran los tiempos de los desesperados, de los ingeniosos y de las pequeñas raterías. Un amigo del barrio, durante mucho tiempo hizo razzias bien temprano recorriendo las puertas sucesivas de una cuadra, levantando las botellas de leche. Se tomaba un litro por día y el resto lo vendía. Si llegaba una enfermedad no había más solución que arrimarse a algún caudillo parroquial para que le consiguiera a uno muestras gratis o autorización para obtener una cama en un hospital, cosa difícil de conseguir.

A la edad de catorce años y ya con cuatro de obrero, no pude menos que interesarme por la política. Como para no interesarme. Había muchas manifestaciones realizadas por los desocupados. Algunos partidos de izquierda protestaban por la miseria reinante. Las asambleas sindicales, aunque escasas en número -porque los sindicatos carecían de fuerza en un período de desocupación - reunían a los trabajadores más militantes y decididos. Yo empecé a concurrir a toda clase de reuniones y de actos. Una reunión sindical fue disuelta con violencia por la policía y fui a parar a la Sección Especial. No me hicieron nada porque era casi un chico. Pero ví con mis propios ojos cómo a un obrero le arrancaron una uña con una tenaza para que confesara y delatara a sus compañeros del comité de huelga de una casa metalúrgica (...)